PERSONIFICACIÓN DE LA POESÍA


La veo levantarse de la cama con la palabra pasión tatuada en cada curva de su cuerpo. Se mueve contoneando las caderas exageradamente para llamar mi atención y joder, puedo asegurar que tiene mis cinco sentidos volcados en ella. Se pasea por la habitación con ese descaro y esa mirada tan decidida que me deja sin aire cada vez que se acerca. Me dedica esa sonrisa de niña traviesa y viste su cuerpo desnudo con una de mis camisetas que debe haber cogido del cajón de mi mesita de noche. Puedo observar cada detalle de ese cuerpo que me sé de memoria y juraría que ni la mismísima Venus tuvo en sus mejores sueños una belleza parecida a la de la chica que se encuentra delante de mí. Observo los hoyuelos que se le forman en la comisura de los labios y los lunares que hay repartidos por su cuello y clavícula. Se sienta en la cama y se acerca a mí aun sabiendo que no puedo quitarle la mirada de encima ni un segundo y mi pulso comienza a acelerarse. Mi respiración se vuelve más agitada y su boca cada vez está más cerca de la mía. La manera en que mis manos recorren su cuerpo y nuestras respiraciones se acompasan en ese baile de sonidos, joder, eso sí que es poesía.

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